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Un nostálgico del Carnaval

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Quien lo diría pero… ya siento nostalgia del carnaval. Hace apenas un par de meses que hemos colgado el disfraz en el armario, ese disfraz que quizás ya sólo nos pongamos en las fiestas de cumpleaños, o en el carnaval chiquito, pero aún se siente por dentro la pasión enfervorizada de esos días. Y eso que ya la cera de nuestras cofradías pasó por las esquinas y los barrios más populares de la  ciudad, quemando la resaca de los últimos carnavaleros que aún se resistían a bajar la música de las coplas cuando sonaban los sones de los tambores y las cornetas.

Pero que no, que es muy complicado eso de tener que aguantar todo un año sin volver a pisar el Falla, que no se lleva bien eso de darte un garbeíto por la Viña sin cruzar la Cruz Verde al compás de un tres por cuatro. Que yo ya quiero saber el tipo el año que viene de los de Juan Carlos Aragón, si volverá Martínez Ares, o si el Morera cierra el taller para venirse un ratito  a montar otro guirigay como el de este año.

Y es que el Carnaval, señores, es mucho Carnaval. El Carnaval en Cádiz, para quien no lo sepa, es la fiesta por excelencia. Esa fiesta que te tira a la calle, y cuando llevas medio día metido en la más grande de las “rebullascas”, te empiezas a preguntar cómo demonios hemos llegado hasta aquí. Y ahí empiezan los moscatelitos, y un tango, y una tortillita de camarones que se saca tu “cuñao” de no se sabe dónde, y venga otro tango, y tu mujer que lleva todo el día queriendo tirar para la Plaza las Flores, y tú que venga, para la Plaza las Flores, y allí en la Puerta de Correos el Yuyu recibiendo honores con su clásico: “Caaaaaaaaabr……”, y las chirigotas, y el moscatelito, y los tangos de fondo, y la batea…

Para que queremos más. Son días en los que el cansancio y el sueño se compensan con el ambiente, la algarabía, la fiesta popular. Es la fiesta que disfraza hasta a ese amigo saborío que tiene todo el mundo, y que cuando lo vemos por la calle vestido de lo que sea, se te queda mirando como diciendo: “Que sí, hombre, que sí, que soy el saborío disfrazao, a que no te lo esperabas…”. Son momentos que se inmortalizan sin necesidad de cámaras ni móviles, momentos que sólo sabe poner en la calle la fiesta puntera de Cádiz, el Carnaval del que, señores, y sin que sirva de precedente, ya tengo una nostalgia que no vea…

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