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La soberbia puede con el Cádiz en Carranza

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 Desencantado se quedó el domingo el estadio Carranza

Pocos eran los aficionados que se creían el pasado domingo el resultado que el Cádiz había obtenido en su estadio ante el modesto Conquense. El 2-3 final no sería un resultado escandaloso si no es porque los amarillos llegaron a ir ganando por 2-0. El equipo pecó quizás de soberbia cuando parecía tenerlo todo hecho, y se dejó llevar por la confianza de un resultado y una presunta superioridad que luego, a la postre, quedó en agua de borrajas.

El Cádiz salió a comerse el rival. El primer cuarto de hora de los amarillos fue una demostración de dónde pueden estar el cuadro cadista y el conquense a final de temporada. Tras dos claras ocasiones amarillas, Juanma bate la portería contraria a pase de Rubiato. El partido se ponía en franquía con sólo 13 minutos de juego.

El Cádiz a partir de ahí levanta el pie del acelerador, y el Conquense abre líneas, para comenzar a llegar a la puerta cadista. Todos flojean en los amarillos menos Fleurquin, que ve dos amarillas innecesarias antes del descanso, dejando a su equipo con diez. Aún así, el Cádiz parece sentenciar al borde del tiempo reglamentario, con un pase de la muerte que remata Rubiato. 2-0 y todo visto para sentencia…

Pero lo que son las cosas, el inicial autobús del Conquense, sirve para sumir al Cádiz en el desastre más absoluto. Sin sacar nada nuevo de la chistera, los de Cuenca encuentran en el pelotazo largo y la débil defensa cadista los mejores aliados. Entre medias, otro expulsado, Caballero, por una acción más infantil que propia de un futbolista. En 10 minutos fatídicos de la segunda parte, los de Cuenca empatan un partido perdido.

Pero claro, faltaba la guinda al pastel. Entre tanto desconcierto, Víctor apuntillaba a los amarillos. La segunda parte del Cádiz es para enmarcarla en el mejor museo de los despropósitos. Habrá que seguir aprendiendo.

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